Agronomía del mango: fenología, agua y nutrición
En SISTAGRO asesoramos plantaciones de cultivos subtropicales, evaluamos y diseñamos estrategias de riego y nutrición adaptadas a cada fase fenológica y realizamos aforos mediante mediciones de campo. En este artículo compartimos algunas de las principales conclusiones que hemos extraído de nuestro trabajo con el cultivo del mango durante los últimos años.
El ciclo productivo del mango encadena fases con requerimientos fisiológicos diferentes y, en ocasiones, contrapuestos. Un manejo que favorece una fase puede perjudicar la siguiente, por lo que el riego y la nutrición deben programarse en función del estado fenológico y de los objetivos productivos de cada momento.
Uno de los principales retos agronómicos del mango es su elevada caída fisiológica: una proporción muy importante de los frutos recién cuajados no llega a cosecha. Comprender los factores que condicionan esta caída resulta determinante para gestionar el cultivo en el sur de España, donde las condiciones ambientales y el manejo del agua pueden influir notablemente en la retención de los frutos.
En este artículo resumimos algunos de los principales criterios técnicos que aplicamos en el manejo del mango, contrastados con la bibliografía de referencia y con nuestras observaciones de la campaña 2026.
Inducción floral
La inducción floral del mango está condicionada, entre otros factores, por las temperaturas, la madurez de los brotes y el estado hídrico del árbol. Las temperaturas nocturnas relativamente bajas y la madurez de los brotes son factores importantes para la floración, mientras que la disponibilidad de agua influye en la dinámica del crecimiento vegetativo.
En determinadas condiciones, el déficit hídrico moderado previo a la floración puede contribuir a limitar nuevas brotaciones vegetativas y favorecer la sincronización del ciclo reproductivo. Sin embargo, su intensidad y duración deben ajustarse a las condiciones de la plantación, ya que un estrés excesivo puede comprometer el estado fisiológico del árbol.
El boro y el zinc también desempeñan funciones relevantes en los procesos reproductivos. El boro interviene en la germinación del polen y el crecimiento del tubo polínico, mientras que el zinc participa en diversos procesos enzimáticos y metabólicos relacionados con el desarrollo de la planta. Su aplicación debe responder al estado nutricional del cultivo y a las necesidades identificadas, evitando tratamientos sistemáticos sin diagnóstico.
El mango produce un elevado número de flores que no llegan a ser funcionales desde el punto de vista reproductivo. Por ello, la evaluación nutricional no debe limitarse a la floración: también es necesario analizar el cuajado posterior y la capacidad del árbol para mantener los frutos.
Cuajado: tres o cuatro semanas críticas
Cada panícula puede producir cientos de flores, pero solo una pequeña proporción acaba convirtiéndose en fruto cosechable. La mayor parte de las pérdidas se concentra en las primeras semanas posteriores a la antesis, aunque su magnitud y distribución temporal dependen de la variedad y de las condiciones ambientales.
La caída responde a múltiples factores. Entre ellos destacan la fecundación, el desarrollo del embrión, la competencia por los fotoasimilados y las condiciones hídricas y térmicas. Los cambios hormonales también intervienen en la regulación de la zona de abscisión, donde el etileno desempeña un papel importante en la separación del fruto.
En esta fase, el objetivo agronómico no es únicamente favorecer el cuajado, sino crear las condiciones necesarias para que una proporción suficiente de los frutos recién formados continúe su desarrollo.
Nuestras estimaciones indican que pequeños incrementos en la retención inicial pueden traducirse en aumentos muy importantes de la producción final, especialmente en campañas con una elevada caída fisiológica. Por ello, el manejo de la retención temprana no es una cuestión secundaria.
El riego debe ajustarse para evitar que el déficit hídrico limite el funcionamiento fisiológico del árbol durante este periodo. La dotación necesaria dependerá de la demanda atmosférica, el estado del suelo, el desarrollo de la copa y la capacidad del sistema de riego para suministrar agua de forma uniforme.
Retención: la fase que define el rendimiento
El número de frutos que llegan a cosecha es uno de los principales determinantes del rendimiento del mango. Spreer et al. (2009) encontraron una relación elevada entre el rendimiento y el número de frutos, mientras que la relación con el tamaño individual fue considerablemente menor en las condiciones de su estudio. Estos resultados refuerzan la importancia de priorizar la retención cuando se evalúa el potencial productivo de una plantación.
Durante las primeras fases de desarrollo, los frutos compiten por los fotoasimilados con otros frutos y con las brotaciones vegetativas posteriores a la floración. Esta competencia puede intensificarse cuando coinciden una elevada demanda de crecimiento y una disponibilidad limitada de recursos. El estrés hídrico también puede alterar el equilibrio hormonal y contribuir a la abscisión temprana.
En la campaña 2026 hemos observado caídas superiores al 70 % después de cuajados aparentemente correctos, en parcelas donde identificamos restricciones de riego durante fases críticas y desequilibrios en los planes de abonado. Estas observaciones apuntan a la necesidad de evaluar conjuntamente el agua, la nutrición y la dinámica vegetativa, sin atribuir la caída a un único factor.
Entre los criterios nutricionales que consideramos relevantes durante esta fase se encuentran los siguientes:
Relación K:N próxima a 3 en la solución nutritiva durante el periodo estival. El potasio interviene en la regulación osmótica y estomática y contribuye a mantener el funcionamiento fisiológico del árbol frente al estrés hídrico y térmico. Una relación K próxima a 1 puede resultar insuficiente para las condiciones y los objetivos de manejo considerados en nuestro protocolo.
Relación K:Mg en torno a 7 en la solución nutritiva, procurando mantenerla por debajo de 10 para evitar desequilibrios que puedan comprometer la absorción de ambos nutrientes.
Aporte temprano de calcio, teniendo en cuenta la dinámica de transporte hacia el fruto y la importancia de su disponibilidad durante las primeras fases de desarrollo.
Control del crecimiento vegetativo, mediante poda y manejo del nitrógeno, para limitar la competencia con los frutos jóvenes.
Estas relaciones corresponden a la solución nutritiva y deben interpretarse en el contexto del protocolo de fertirrigación aplicado, junto con las concentraciones absolutas de los nutrientes y las características del agua de riego.
El ratio Ca/(K+Mg) y la vida poscosecha
La acumulación de calcio en el fruto está estrechamente relacionada con el transporte por el xilema y con la dinámica de transpiración. Su movilidad hacia los frutos suele ser más limitada que la de otros nutrientes y puede reducirse a medida que avanza el desarrollo. Por su parte, el potasio y el magnesio participan en procesos metabólicos y en el transporte de asimilados, con dinámicas de distribución diferentes.
Por este motivo, el estado nutricional del fruto durante las primeras fases de desarrollo puede condicionar algunos atributos relacionados con la firmeza y la conservación poscosecha. No obstante, la calidad final depende también de la variedad, el estado de madurez en cosecha, las condiciones ambientales y el manejo posterior.
La relación Ca/(K+Mg) puede utilizarse como indicador complementario del equilibrio mineral, siempre que se especifiquen las unidades, el tejido analizado y el método de cálculo. No debe considerarse un predictor universal de la vida útil sin validación para las condiciones concretas de la plantación.
Entre los factores de manejo que pueden comprometer el equilibrio mineral destacan el estrés hídrico, los desequilibrios nutricionales y una carga de frutos que altere la distribución de los recursos dentro del árbol. La interpretación de estos factores requiere combinar análisis foliares y de fruto con información sobre el riego, nutrición, la carga productiva y la evolución del cultivo.
La calidad poscosecha empieza a condicionarse en campo, mucho antes de que el fruto llegue al almacén.
Crecimiento, aforo y fecha de cosecha
Una vez superadas las primeras fases de desarrollo y el endurecimiento del endocarpio, el fruto entra en una etapa de crecimiento activo. La velocidad de crecimiento depende de la variedad, la temperatura, la disponibilidad de agua y la carga productiva.
En determinadas condiciones, el riego deficitario controlado durante esta fase puede reducir el consumo de agua con un impacto limitado sobre la producción. Spreer et al. (2009) estudiaron de forma muy interesante la respuesta del mango a diferentes regímenes de riego y mostraron la importancia de ajustar el suministro hídrico a las condiciones del cultivo. En su estudio, el manejo del riego permitió mejorar la productividad del agua, aunque la respuesta depende de la intensidad del déficit, la fase de aplicación y las condiciones de cultivo.
Por el contrario, un déficit severo durante las primeras fases de desarrollo puede limitar el crecimiento y comprometer el tamaño final del fruto, sin que una mejora posterior del riego garantice la recuperación completa.
El seguimiento de las dimensiones del fruto en campo es un trabajo que nos permite estimar su peso y proyectar la distribución de calibres a cosecha, siempre que se disponga de relaciones de calibración adecuadas para la variedad y las condiciones de cultivo. Las mediciones repetidas sobre una muestra de frutos marcados, separadas por aproximadamente una semana, permiten estimar la velocidad de crecimiento y actualizar las previsiones productivas. La principal limitación de estos modelos es que el crecimiento no depende exclusivamente del tiempo transcurrido. Las lluvias intensas, los cambios bruscos en el suministro de agua y las variaciones en la carga pueden modificar la evolución del fruto y reducir la precisión de las estimaciones. Por ello, el aforo debe interpretarse siempre junto con el registro de riego y las observaciones de campo.
La fecha de cosecha debe establecerse considerando la variedad, el desarrollo del fruto y los indicadores de madurez disponibles. La acumulación térmica desde la floración puede también ser una herramienta muy útil para anticipar la ventana de cosechas. Sin embargo, no sustituye la comprobación directa de la madurez.
Aunque el mango es un fruto climatérico y continúa madurando después de la recolección, cosechar demasiado pronto puede comprometer sus características organolépticas. Por ello, la planificación de la cosecha debe combinar el seguimiento fenológico con la evaluación de la madurez del fruto.
Síntesis final: cada fase exige una estrategia diferente
El manejo agronómico del mango requiere adaptar el riego, la nutrición y las intervenciones culturales a la fase fenológica y al objetivo productivo de cada momento:
Inducción floral: gestionar el crecimiento vegetativo y el estado hídrico en función de las condiciones ambientales.
Cuajado y retención: evitar restricciones hídricas y nutricionales que puedan comprometer el mantenimiento de los frutos.
Desarrollo inicial: favorecer un equilibrio adecuado entre carga productiva, crecimiento vegetativo y disponibilidad de nutrientes.
Crecimiento del fruto: ajustar el riego a la demanda real y evaluar el potencial de aplicación de estrategias deficitarias controladas.
Cosecha: combinar el aforo, la evolución del fruto y los indicadores de madurez para mejorar la planificación productiva.
Cada fase tiene sus propias limitaciones y oportunidades de intervención. El objetivo no es maximizar de forma aislada el riego, la fertilización o el crecimiento, sino coordinar estos factores para mejorar la retención, el rendimiento, la eficiencia en el uso del agua y la calidad de la fruta.
En SISTAGRO abordamos este tipo de procesos integrando mediciones de campo, seguimiento fenológico y análisis agronómico. Porque las decisiones de manejo deben responder a lo que realmente está ocurriendo en la plantación.
Referencias para profundizar
Singh, Z., Malik, A. U. y Davenport, T. L. (2005). Fruit Drop in Mango. Horticultural Reviews, 31, 111–153.
Léchaudel, M. y Joas, J. (2007). An overview of preharvest factors influencing mango fruit growth, quality and postharvest behaviour. Brazilian Journal of Plant Physiology, 19(4), 287–298.
Spreer, W. et al. (2009). Yield and fruit development in mango under different irrigation regimes. Agricultural Water Management, 96, 574–584.
Amaral, M. H. y Walsh, K. B. (2023). In-orchard sizing of mango fruit. Horticulturae, 9(1), 54.
